Recuerdos y manualidades en el taller.

Mis recuerdos de pequeña se remontan a veranos eternos llenos de golondrinas, batallas campales de globos de agua en la plaza de "mi pueblo" con mis hermanos y primos, libros y más libros, viajes en coche pequeño y sal en la piel. Se nota que tengo ganas de verano y solo recuerdo los meses cálidos, eh! Sin duda eran los mejores. Pero también recuerdos tardes oscuras merendando delante de la tele antes de hacer los deberes, a mi madre planchando (lo siento mama, pero sí, es una imagen que está ahí) y visitar a mis abuelos.  Recuerdo la máquina de coser antigua de mi abuela materna. Creo que nunca la vi utilizarla pero sí que la vi con hilo y agujas creando alguna pieza de un simple trozo de tela. Recuerdo el movimiento mágico de dedos y manos que en un momento te hacían un nudo o un punto y recuerdo hasta hace poco pedirle que me arreglase un agujero en alguna falda o un aro salido de algún sujetador de los buenos. Recuerdo la casa de mis abuelos paternos casi al detalle cuando hace ya casi 20 años que no existe. Los bocadillos que alguna vez nos preparaba mi abuela, mojar patatas fritas en coca-cola (lo siento, pero en mi casa lo hacíamos) y el taller de mi abuelo. Mi abuelo era un manitas. Se fue antes de que pudiera tener conciencia real de como era, pero recuerdo sus manos curtidas de piel gruesa y arrugas tan profundas que apenas cambiaban al estirarse. Recuerdo sus ojos saltones tras unas gafas muy gruesas y que cuando levantaba las cejas su frente me recordaba a Jack Nicholson. O Jack Nicholson siempre me ha recordado a mi abuelo. No sé por qué porque no se parecen. Recuerdo una pequeña habitación que construyó en su terraza (o en mi cabeza me inventé esa historia). Su taller. Recuerdo que hizo las puertas de mi casa con sus manos. Que era un manitas y lo que ahora llamaríamos un geek porque tenía todos los aparatos que a principios de los noventa no te podías todavía imaginar. Tenía como dos o tres ordenadores!! Mi abuelo!! Tenía cámaras de fotografía que con el tiempo he heredado pero nunca sabré qué fotos hizo con ellas. Tenía una tele portátil que nunca entendí porque no se veía nada. Y lo dicho. Era un manitas. Recuerdo herramientas tan curtidas como sus manos, de madera, con goterones secos de cola y pintura. Herramientas de las buenas, de las que parece que puedas construir un castillo. Hacía cosas con las manos, las creaba, se las inventaba o se las ingeniaba. Era un artesano que no hacía nada en concreto y que contaba que de pequeño un pastor alemán le había salvado la vida y que, como tantos otros de su generación, tenía un hermano en alguna parte de la Europa más neutral. Quizá sean los recuerdos y esa manía mía de mantener algunas cosas como siempre lo han sido. Quizá sea el amor visual que le tengo al taller de mi abuelo del cual he recreado una imagen totalmente ficticia. Una Belleza. Esos colores apagados y emborronados, ese olor, ese desorden. El polvo de madera, metal. Los "retales". los cables... Esa nostalgia por mis recuerdos y mi cariño por lo artesanal me ha llevado a imaginar mi nueva serie. Una oda al amor por lo artesano, la imaginación, el esfuerzo y lo hecho a mano, con llagas, cicatrices y piel curtida. Un repaso por diferentes artistas (porque eso son estos artesanos) que han vuelto al amor por la materia prima, por crear de cero, por el reinventar y el reutilizar. Desde joyerosdiseñadorespintorespasteleros... Personas que creen en sus manos o en su cuerpo como herramientas. Una serie que ya cuenta con unos cuantos creadores pero que sigue en constante crecimiento. Otra serie que puede que no tenga fin. Si eres uno de ellos, si creas, reinventas, imaginas y haces, ponte en contacto conmigo y cuéntame qué es lo que regalas al mundo, qué cicatrices tienes y con qué orgullo las muestras. Señoras y señores, nace "The Artist".